
El Sindicato Independiente de Trabajadores, afronta este 1º de Mayo con la vista puesta en una de las mayores lacras de nuestra Sociedad: La precariedad laboral
Desde SITs, entendemos que un trabajo es precario cuando la situación laboral del trabajador o trabajadora sufre salarios bajos, inestabilidad, jornada parcial no deseada, sobrecualificación, jornada extensa, imposibilidad de conciliar vida laboral y familiar, así como otros factores que impiden clasificar a dicho empleado como “clase media trabajadora”.
Sin entrar a rebatir las frías estadísticas que elaboran sesudos organismos estatales, cuyos dirigentes ni sufren ni sufrirán nunca en sus carnes lo que la precariedad laboral significa, resulta obvio que, cada día que pasa la precariedad se extiende por nuestro mercado laboral, llegando a su punto extremo para los millones de ciudadanos a los que su trabajo no les permite llegar a fin de mes o simplemente no tienen empleo.
.Por tanto, es muy claro que modificar esta situación debería ser una prioridad social y, por tanto, política. La precariedad y el desempleo estructurales de nuestro modelo laboral son un atentado contra la dignidad del trabajo y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras, supone la vulnerabilidad y precariedad vital de muchas personas y familias, y son un atentado contra las personas.
Para combatir la precariedad es necesario actuar en el ámbito de la normativa que regula las relaciones laborales, promover y fortalecer la negociación colectiva, y transformar el modelo productivo particularmente en el sentido de poner el cuidado de las personas trabajadoras como elemento central de la vida de las empresas. Pero también es necesario modificar una cultura empresarial –de algunos sectores empresariales– que no conciben otra forma de empleo que no sea la precaria, así como una cultura social instalada de forma resignada en la aceptación de la precariedad, como si no fuera posible otra cosa. Es imprescindible promover una cultura de la dignidad del trabajo y del trabajo decente, basada en una correcta comprensión de lo que es el trabajo para la vida de las personas y de la sociedad.
La reforma laboral acordada entre Gobierno, CCOO, UGT y organizaciones empresariales, no va a colaborar en absoluto a modificar la orientación del modelo laboral, sobre todo en dos aspectos: la reducción de la temporalidad y el fortalecimiento de la negociación colectiva, entendiendo esta última no solo como la típica negociación de convenio, sino la verdadera participación de los trabajadores y trabajadoras en las condiciones laborales en la empresa.
En cuanto al primero, la mayor parte de los contratos indefinidos llevados a cabo desde la implantación de esta reforma lo son a tiempo parciales o fijo discontinuos, por lo tanto, siguen siendo contrato precario y mal remunerado.
Y en cuanto al segundo, si bien es cierto que esta reforma devuelve la ultra actividad de los convenios colectivos, siguen dejando a las empresas todo el poder de modificar las condiciones laborales y salariales cuando le convenga, a la vez que mantiene el despido fácil y barato.
Ceder en el empeño de poner a las personas en el centro de todas las políticas laborales y sociales, resignándose, en aras de un desarrollo económico que solo favorece a unos pocos, a un modelo económico impersonal e insostenible, solo traerá como resultado el crecimiento de figuras populistas que nada tienen que ver con los valores democráticos que han de imperar en una sociedad moderna y civilizada.
Todavía estamos a tiempo de revertir esta deriva y es por ello que desde SITs, reivindicamos una vez más el valor del trabajo como herramienta para el desarrollo vital de la persona, no para la mera explotación y disfrute de una economía liberal solo ocupada por el beneficio empresarial fácil y rápido.

